Un cuerpo sano está en equilibrio. Esto significa que, a diario, el organismo pone en marcha todos los recursos de que dispone para autorregularse y mantener una relativa constancia en la composición y propiedades del medio interno y de sus funciones, es decir para mantener la homeostasis.

No obstante, durante la vida, suceden inevitablemente situaciones o acontecimientos que el organismo percibe como amenazantes o desbordantes produciendo una serie de reacciones diversas que se conocen bajo el nombre de estrés. Frecuentemente estos acontecimientos están relacionados con cambios que exigen un sobreesfuerzo y por tanto salir de la zona de confort. El estrés puede responder a distintas situaciones: una intensa actividad física (deporte, ejercicio intenso), una intensa actividad mental (estudio, trabajo), factores ambientales (frío, calor), enfermedades (que el paciente percibe como difíciles de sobrellevar), estados emocionales (enamoramiento, divorcio, cambio de trabajo, pérdida de un ser querido) y otras.

La clave para superar el estrés está en la adaptación. Durante el estrés, se ponen en marcha una gran cantidad de procesos neuroendocrinos para restaurar de nuevo el equilibrio y adaptarse al cambio, pero si la respuesta al estrés se vuelve demasiado intensa o duradera, los sistemas de regulación y los recursos utilizados se agotan y dan lugar a consecuencias negativas para la salud del individuo.

¿Qué son?

Los adaptógenos son hierbas que poseen cualidades específicas que ayudan a tu cuerpo. Es común confundirlos con alimentos, pero en realidad son hierbas que fácilmente se pueden añadir a tus bebidas (busca su versión en polvo) o se pueden tomar como suplementos en cápsulas.

De acuerdo a la nutrióloga holística Priscilla Soler, “Los adaptógenos son las reinas de las hierbas medicinales para restaurar la salud, vitalidad, inmunidad, resistencia y longevidad”. Su mismo nombre lo dice: se adaptan. No sirven un propósito único, sino que identifican lo que tu cuerpo necesita y se adecuan a él para restaurar un balance.

Un poco de Historia

Este término fue originalmente establecido por N. V. Lazarev (1947) y las características generales de una sustancia adaptogéna fueron definidas por Brekhman y Dardymov (1969) y pueden concretarse de la siguiente manera:

  1. El efecto debe ser general y amplio, tiende a ser no específico en sus propiedades y actúa aumentando la resistencia del organismo a un amplio espectro de factores adversos biológicos, químicos y físicos.
  2. Un adaptógeno tiende a ser un regulador que tiene un efecto de normalización sobre los diversos sistemas del organismo receptor, es decir tendrá un efecto restaurador de la función.
  3. Un adaptógeno debe ser seguro. No debe ser tóxico para el receptor y actuará con una interrupción mínima o nula de los procesos biológicos normales.

En la actualidad, el término adaptógeno viene siendo utilizado para describir una serie de sustancias naturales que tienen la capacidad de normalizar las funciones del cuerpo y fortalecer los sistemas comprometidos por el estrés. Es decir son sustancias que ponen en marcha el sistema de defensa y ayudan al organismo a adaptarse a las situaciones de estrés minimizando su impacto.

Amplitud de acción de los adaptógenos

Varios estudios farmacológicos y clínicos realizados con sustancias adaptógenas, han demostrado que los adaptógenos pueden tener los siguientes efectos sobre el organismo afectado:

  • Restaurar y mejorar la energía física y mental.
  • Mejorar la resistencia física y mental.
  • Compensar los efectos de la privación del sueño.
  • Proteger el cerebro y el sistema nervioso, lo que, entre otras cosas, mejora la memoria y la percepción.
  • Aliviar la ansiedad y la depresión leve.
  • Proteger contra ciertos tipos de radicales libres, es decir, actuar como un antioxidante.

¿Qué hacen?

Los adaptógenos siempre son benéficos para tu cuerpo. La nutrióloga Soler afirma que calman y nutren las glándulas suprarrenales y apoyan los procesos que están controlados por estas, desde la regulación del azúcar en la sangre y el sistema inmunitario hasta las hormonas y la presión arterial.

Además, al ser tan adaptables, los adaptógenos pueden ayudarte de muchas maneras. A continuación te presentamos algunos de sus beneficios:

  • Reducen la fatiga. Estudio.
  • Ayudan al sistema inmunológico. Estudio.
  • Te dan energía y aumentan tu rendimiento físico. Estudio.
  • Ayudan a aliviar el estrés. Estudio.
  • Compensar los efectos de la privación del sueño.
  • Proteger contra ciertos tipos de radicales libres, es decir, actuar como un antioxidante.

¿Con cuál empiezo?

Tal vez hay muchas opciones y la información puede ser abrumadora. A continuación te doy una lista de los beneficios de cada uno para que sepas con cuál empezar, según lo que estés buscando.

Ashawanda

  • Reduce el estrés
  • Desiinflamatoria
  • Favorece la relajación

Reishi

  • Fortalece el sistema inmunológico
  • Combate el insomnio
  • Regula el metabolismo

Maca

  • Despierta el apetito sexual
  • Combate la fatiga
  • Antioxidante

¿Qué tan seguido debo consumirlos?

En general los adaptógenos son muy seguros y se pueden utilizar de manera continua, pero siempre es mejor consultar a tu médico antes de empezar a consumirlos regularmente. La recomendación es usarlos al menos un mes y máximo tres meses para obtener resultados satisfactorios.

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